Los caballistas de la localidad de Torres del Carrizal organizaron el pasado domingo una ruta ecuestre que contó con la participación de más de medio centenar de personas. Fue un acto abierto a todos los amantes del caballo que quisieron participar en una marcha de puro placer y de disfrute del medio natural, a lomos de la montura.
A la cita acudieron, además de una veintena de caballistas de Torres del Carrizal, jinetes de los pueblos próximos de Molacillos, Benegiles, La Hiniesta e incluso de otros más distantes como Moreruela, Zamora y Toro. Fueron jinetes de toda edad y condición los que compartieron la jornada de expansión.
Es la tercera ruta que organizan los caballistas de Torres del Carrizal, y el evento va cuajando año tras año como pone de manifiesto el incremento de participantes. «Fue un éxito, para como empezó el día, que lo hizo lloviendo», expresaba ayer Sara Lorenzo, que hacía especial referencia uno de los jinetes procedentes de La Hiniesta, que se acercó al singular encuentro «a pie», sobre el caballo. Otros, utilizaron un vehículo para el traslado de las monturas.
Los asistentes salieron del pueblo y entre otros puntos visitaron la Dehesa de Salamedia, que en su día ofreció una seria actividad y hoy, en parte derruida, permanece como un refugio de cernícalos primillas y como sede de una explotación de ovino. Es además, uno de los puntos utilizados como reunión por algunas personas jubiladas de los pueblos de la zona, que se allegan hasta sus sombras en bicicleta.
Los caballistas prosiguieron luego hacia el pago de Ballesteros, que cuenta con una fuente que permite echar un trago a los singulares jinetes.
Es una ruta que discurre por una escenario cerealista, donde no faltan los cerros y puntos elevados, e incluso los pasos fluviales, como es el río Salado, que conceden al trazado una diversidad. De esta forma, el colectivo disfruta no solo de la cabalgada sino del panorama natural que se ofrece a los ojos. Como el cereal permanece todavía en el campo, el colorido es una de las notas destacadas, pues es un paisaje muy vistoso por la propia naturaleza de los cultivos sembrados sobre el territorio, que lucen todo tipo de tonos .
La ruta está organizada por los caballistas del pueblo que no cuentan con mayor apoyo institucional y que corren con todos los gastos, pues para que sea una jornada agradable y satisfactoria culminan la marcha campera con una comida, en una zona arbolada, a base de alimentos sólidos como la panceta, el chorizo, filetes y, de postre, sandía.
Fuente: La Opinión de Zamora
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