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La pasión ecuestre doblega al microchip

 El moderno microchip no pudo contra la fuerza de una tradición con al menos seis siglos de historia y ayer A Valga, en el municipio pontevedrés de Oia, acogió la primera "rapa" de la temporada en Galicia ante cientos de aficionados a los caballos y bajo la sombra de una orden de la Xunta cuya aplicación, aplazada por el momento, llegará tarde o temprano.

Los ganaderos, que amenazaron con suspender los curros si se les obligaba a identificar a los equinos con estos dispositivos, saben bien que el futuro de su actividad "pinta negro", porque "cada chip cuesta 40 euros, mientras que el mejor de los potros se está vendiendo a 50", recordó Argentino Durán, presidente del curro de A Valga y propietario de 21 caballos criados en libertad por los que paga, además, un seguro de 600 euros.

Así que, aunque el de ayer fue, como cada primer domingo de mayo, un día de fiesta en A Valga, el polémico microchip, y en algún momento la lluvia, amenazaron con aguar un espectáculo que de buena mañana arrancó con el despliegue de las cuadrillas por el monte en busca de las reses.
Alrededor de 80 "loitadores" participaron a pie o a caballo en el rastreo y guía de los animales, que a partir del mediodía empezaron a concentrarse en el entorno del curro, lugar en el que cientos de personas aguardaban ya por los actos centrales de la jornada dando cuenta de una tapa de pulpo, una ración de churrasco y algún que otro vaso de vino en los puestos habilitados en torno al recinto.
Tras un primer reconocimiento de los caballos y de sus crías, en total unas trescientas cabezas, llegó la hora de reponer fuerzas antes del trabajo duro, del clásico duelo entre el hombre y la "besta".
A partir de las cinco de la tarde, los aguerridos "loitadores" emprendieron la ardua tarea de higienización y marcado de los caballos, en las que la lucha cuerpo a cuerpo entre el hombre y el animal ofrece al espectador imágenes de una fuerza arrolladora.
Varios hombres arrastran un animal en el recinto. // Ricardo Grobas
Y en la mente de todos, de nuevo el microchip. "Cada ganadero marca a sus caballos con un hierro que los identifica como suyos, que nadie más puede utilizar y que se incluye en un registro", explicó Joaquín Comesaña, vecino de Baredo y dueño de veintidos equinos que viven en libertad en la sierra de A Groba.

Joaquín se muestra incapaz de entender el por qué de un moderno y caro dispositivo que hace "inviable" desde el punto de vista económico conservar una tradición que pervive gracias a la pasión y el buen hacer de los ganaderos, que apenas reciben beneficios de la actividad.

"No nos vamos a librar, porque es una orden europea; pero deberían pensar en las consecuencias que tendrá nuestro abandono del monte", apunta Argentino Durán, quien advierte, por ejemplo, del alto riesgo de incendios en un monte infestado de maleza.

Al menos este año han conseguido cumplir con su ancestral cometido. Misión cumplida. Y el año que viene... "Dios dirá".
 Fuente: farodevigo.es
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 RECUERDE: Puede abrir un hilo para tratar este tema en el  foro Pegasuss.
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