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Vado permanente, salida de caballos

 Monturas en casa. Como buen pueblo agrícola que fue durante siglos, el caballo ha tenido una importancia capital en la economía de Puçol. Hoy, pese a que el municipio ya no es tan agrícola, los puzolanos mantienen su cariño por este animal, hasta el punto de que el consistorio ha tenido que regular la presencia de equinos en las viviendas del casco urbano.

El garaje del chalé adosado de Amadeo es particular. En vez de resguardar un vehículo de las inclemencias del tiempo, de los ladrones o de los vecinos con poca pericia a la hora de aparcar, da cobijo a un hermoso caballo blanco de 15 años de edad que se llama Fandango. "Yo es que soy muy de España cañí. Me gustan los caballos, los toros y el flamenco, y por eso le llamé Fandango", dice Amadeo -medio sonriendo- en perfecto valenciano de Puçol.

Así, mientras el Ford Mondeo de Amadeo Alonso "duerme" muchas noches en la calle, Fandango tiene un techo sobre su cabeza, un corralito para que le duchen y un pesebre lleno de pienso y forraje en el que comer. "Lo tengo desde que era un potro y, por supuesto, lo quiero más que a mi coche". ¿Y que a la familia? "No, que a la familia no, aunque siempre tengo que buscarle un hueco para que no esté celoso". El caso del garaje-caballeriza de Amadeo es particular pero no único en Puçol, un municipio con una larga tradición agrícola y en el que el "aca" de trabajo ha tenido una importancia fundamental. Es más, tras unas décadas en las que, coincidiendo con la crisis de la agricultura, estos animales casi desaparecieron del paisaje urbano, en los últimos cinco años ha habido una especie de "remember" equino y son muchos los vecinos que vuelven a tener monturas en casa, aunque sólo sea por el placer de cuidarlas, arrearlas y sacarlas bien bonitas el día de Sant Antoni.

"Aquí en Puçol debe haber entre 150 y 200 caballos, de los cuales unos 40 están en casas dentro del casco urbano", explica Vicente Soriano, veterinario del municipio. Tanto es así que el Ayuntamiento de Puçol ha decidido modificar el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para regular la presencia de equinos en las viviendas y sus condiciones de mantenimiento. A partir de ahora, podrá haber hasta dos caballos adultos por inmueble, o cuatro si no superan los seis meses de edad.

A Amadeo le parece bien que el consistorio haya decidido regular esta situación. "Yo nunca he tenido problemas con los vecinos por tener aquí a Fandango, pero nadie me dice que ahora cambian los vecinos y no les parece bien. Así que es mejor que esté todo previsto y regulado para que nadie se queje".

Cuando compró con su esposa el adosado en el que vive desde hace nueve años ya tenía al caballo, y por ello lo que hizo primero fue acondicionar el garaje a las necesidades del animal. "Tiene zonas abiertas de manera que el aire se va renovando, así que nadie se ha quejado de olores ni tampoco de ruidos -explica-. De todas formas, yo barro la cuadra todos los días y limpio el caballo después de montarlo".

Amadeo no quiere ni hablar de dejar a Fandango en una cuadra fuera del pueblo. "Alguna vez lo he tenido que dejar y ha sido como si me faltara algo. Estoy más tranquilo si lo tengo en casa".

Cerca de Amadeo vive José Javier, veterinario y dueño de Lluna, una yegua hispano-árabe de 9 años, "torda" como la de su vecino. José Javier vive con sus padres en la antigua casa familiar que rehabilitó hace unos años. Cuando llevó a cabo esta rehabilitación, también lo hizo pensando en que Lluna tuviera un lugar en el que vivir. "Mi abuelo tenía una vaquería y yo la he adaptado para tener a la yegua -señala su dueño-. Prefiero que esté aquí que en una caseta en el campo, sobre todo para evitar robos".

Cuatro o cinco días a la semana, Amadeo y José Javier ensillan a Fandango y Lluna, abren la puerta de sus garajes y salen a pasear por la playa o la "marjal del moro", recorren los campos de Puçol y crean, seguro que sin darle ninguna importancia, una escena que parece ya no pertenecer a este siglo.

Un pueblo de caballos campeones 

El pasado domingo Puçol celebró la festividad de Sant Antoni, y la bendición fue una buena muestra de la afición del pueblo a los caballos. Un total de 220 participaron en el acto. En palabras de Paco Almenara, uno de los organizadores, un "éxito rotundo". Almenara es también el actual campeón de la C. Valenciana de "enganche", un deporte en el que el caballo (y la habilitad del jinete para manejar el carruaje) es el protagonista. Otro puzolano, Juan Esteve, fue en su día campeón de España. "Es que aquí -como dice Paco- tenemos mucha afición". Paco tiene dos caballos de raza española, Obstinado y Ofuscado, y es de los que tiene a sus animales preferidos fuera del casco urbano. "Los tengo en el monte porque es más tranquilo. Ahora los coches no respetan a nadie". Esto, por supuesto, le obliga cada día a desplazarse hasta allí, porque los animales requieren un cuidado diario. "Los caballos no son como un coche, son seres que tienen sentimientos y tienes que estar pendientes de ellos. Son como un hijo malcriado al que quieres mucho".

Fuente: levante-emv.com
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