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Los caballos se resisten al carné de identidad

Marcar a los caballos con un hierro candente ya es historia en Asturias. Al menos así debería ser. Desde 2009, la ley obliga a los propietarios de equinos a colocarles un carné de identidad digital. Se trata de un microchip similar al que llevan los perros desde hace varios años. El mecanismo contiene todos los datos del animal y además, sirve para localizarlo con facilidad, en caso de pérdida.

La norma, que cumple este mes un año en vigor, no ha sido recibida con demasiado entusiasmo por los más de 5.000 ganaderos que se dedican a criar caballos en Asturias. De un censo oficial de 23.814 ejemplares, el DNI equino solamente se encuentra implantado en 3.200 reses. Se trata de una pequeña parte de la cabaña asturiana, según reconocen fuentes de la consejería de Medio Rural del Principado. 

El retraso es significativo. El Principado preveía, en principio, que todos los equinos estuviesen identificados en enero de 2010. El plazo se amplió al verano, pero los resultados siguen siendo escasos. A la administración no les queda más remedio que ser «flexible» y abrir la mano dada las dificultades que, según denuncian los ganaderos, entraña la implantación del microchip en la totalidad de la cabaña. 

Los criadores alegan que en las zonas de montaña tienen dificultades para localizar a los caballos y hacerlos coincidir con una visita programada de los veterinarios. El tipo más habitual de cebo que se lleva a cabo en la región es el de pasto en libertad.

Como consecuencia de la entrada en vigor del protocolo de identificación, la guardería forestal está detectando el abandono de caballos en los montes. En algunos casos, los propietarios prefieren no asumir el coste del chip, que oscila entre 20 y 50 euros.

Los veterinarios explican que la implantación del microchip no causa molestias a los corceles. El método consiste en la colocación de una pequeña pastilla, de 20 milímetros de espesor, que se inyecta entre la nuca y la cruz en medio del cuello en la zona del ligamento. El chip transmite un código numérico cuando se activa mediante el lector electrónico.

También va acompañado de un documento de identificación permanente, una especie de pasaporte válido para toda la vida del animal. Cada documento se identifica mediante un número permanente único de 15 dígitos que figura en todas las páginas del pasaporte. El libro contiene información básica sobre cada animal, la base de datos sobre él y el país donde se registró el por primera vez. Es habitual que muchos caballos se adquieran fuera de España.

Los documentos de identificación de equinos pertenecientes a razas oficialmente reconocidas, que llevan, por obligación legal, un libro genealógico, como asturcones, españoles y árabes, son proporcionados a los propietarios por las asociaciones reconocidas para la gestión de de la razas.

El 28 de julio de 2009, se subscribió un convenio de colaboración entre el Gobierno del Principado y el Colegio de Veterinarios de Asturias para que la identificación de los équidos no registrados sea realizada por profesionales acreditados. Los facultativos se encargan de recoger la información necesaria para registrar los animales en la base de datos, su posterior envío al Colegio de Veterinarios, implantar el chip y entregar el pasaporte al responsable del animal. Para identificar los ejemplares que no se encuentran registrados, los ganaderos deben ponerse en contacto directamente con un veterinario.

La multa estipulada para los propietarios que incumplen la normativa de colocar el microchip es de 3.000 euros por cada ejemplar no identificado. La producción de carne de caballo en Asturias suma 400 toneladas anuales. El sector supone una alternativa dentro de las carnes de abasto y una posibilidad de aprovechar terrenos forestales no utilizables por otras especies.

Fuente:La Nueva España

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