Aprovechar los recursos naturales de más difícil acceso, limpiar los montes y obtener una renta complementaria para las explotaciones agrarias fueron los objetivos de la explotación de los caballos. No obstante, el abandono progresivo del campo y el escaso valor económico de estos equinos hacen que hoy la realidad sea otra.
Muchos ganaderos se empeñan sin embargo en mantener una práctica entre la tradición, la leyenda y el espectáculo que forma parte del patrimonio de Galicia. En la comunidad se celebran cada verano unos 25 curros o rapa das bestas, la mayoría en las provincias de Pontevedra y Lugo. Los caballos salvajes son conducidos al curro, donde tras la separación de yeguas y potros, se marcan y rapan los animales. Algunos ejemplares se venden y la mayoría se devuelven al monte.
La rapa de Sabucedo, en A Estrada, es la más antigua e internacional. La asociación empezó a implantar el microchip en el 2004 para proteger a los animales ante robos y posibles conflictos vecinales. El 60% de sus 300 caballos están identificados, según señaló su presidente, José Paz. A Sabucedo también llegan los avances y hace tiempo que los animales ya no se marcan cortándoles las puntas de las orejas
Fuente: La voz de Galicia

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