Además de abundante, el mercado de equinos fue variado, con animales y precios para todas las preferencias y bolsillos. Por 50 euros se podía adquirir un potro de aspecto modesto, pero también ofrecían caballos por más de 2.000. Por tamaños, desde un poni de unos 75 centímetros de altura hasta algún caballo de cerca de dos metros.
Sin embargo, la oferta no se correspondió con las ventas, que fueron muy pocas. Un tratante de Moeche, José Fernando Castro, atribuía la paralización a la tónica general del mercado desde hace tiempo y a la próxima entrada en vigor de la obligación de que todos los caballos lleven un microchip que los identifique. Por el contrario, un veterinario del recinto matizaba que la mayoría ya lo tienen instalado y cuestionó que esa exigencia retraiga el mercado, porque es la misma identificación que exige la UE a otras especies como el vacuno.
Ayer en el recinto monterrosino se cambiaron los papeles, de manera que en un rincón de la nave de los caballos también había vacas. Cerdos, ovejas y sobre todo cabras, completaron la oferta en la otra instalación del mercado. En el exterior el carácter extraordinario de la feria lo resaltaron los tres o cuatro puestos de venta de artículos y complementos relacionados con los equinos. Una conocida casa de Pontevedra montó una tienda de varias decenas de metros de longitud, por la que pasaron centenares de personas.
Fuente: La Voz de Galicia

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