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El San Martiño de Teo baja el telón con pocos equinos y menos ventas

El tiempo no acompañó ayer la celebración de una nueva edición de la Feria Cabalar de Teo. La carballeira de Francos amaneció con pocas reses (según los vendedores) y menos ventas aún, según las mismas fuentes. Lo cierto es que la crisis que el pasado año ya menguó las ventas no mejoró esta edición.

"Esto non ten volta de folla. A xente non está polo labor de mercar e esta feira xa se sabe para o que é: venda de carne pura e dura", recalcaba Xosé, un vendedor llegado de Fene que cada año acude con algún equino a este certamen.

La presencia caballar en la tradicional feria del San Martiño de Teo
es cada vez más testimonial
FOTO: Ramón Escuredo
Para la cuadrilla de la ganadería Camilo Vidal de Mosteiro "esta feira non nos deu nin para pagar o pulpo". Arribaron a la carballeira muy de madrugada, "entre unha friaxe que cortaba o alento", dicen.

Eran las dos y media de la madrugada y, en la maleta, esta ganadería pontevedresa dedicada al ganado de carne que lleva una década acudiendo a la carballeira de Francos, traía esperanzas que se vieron frustradas, por cómo amaneció la jornada y "polos poucos ánimos da xente".

Según los datos facilitados por la Policía Local, más de cuatro mil personas pasaron ayer por la carballeira de Francos; una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta el mal tiempo y el hecho de que la cita hubiese caído en día laboral.

"Mira, rapariga: esta feira esmorece, como esmorece a de Padrón. Antes da crise a cousa xa estaba mal, pero agora afúndese todo. Non se merca gando para carne, sobre todo de cabalo, porque non ten saída; os mercados están paralizados e nós, xa ves, aquí perdendo o tempo. ¡Menos mal que o viño non falta!", recalcaba uno de los integrantes de esta ganadería.

La venta de ponis, por contra, volvió a ganar terreno. También despuntaron las transacciones de yeguas, pero los precios cayeron en picado, no superando los 600 o los 800 euros por ejemplar (hubo algún año en el que el precio máximo rondó los 3.000 €, pero no para carne).

Y entre los incondicionales del certamen los tratantes echaron de menos a los de Levante y algún leonés, que copaban el ferial con sus reses. La tan manida retaíla de pocas ventas es también una máxima entre los vendedores. Y es que ellos son los primeros en no dar la cifra exacta de sus ventas, con crisis o sin ella.   

Atrás quedan las estampas de una carballeira de Francos repleta de equinos y, como viene sucediendo ya desde hace un lustro, el negocio caballar queda nublado por el ambiente festivo-popular y por el acento gastronómico, que año a año se va imponiendo con fuerza. Si ayer la cruz del ferial fueron las pocas reses y las malas ventas, la cara estaba en las pulperías: repletas hasta los topes.

Fuente: El correo Gallego

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